Volver

Portada » Viajes » Singladuras » VUELTA A LA PENÍNSULA IBÉRICA: DE HONDARRIBIA A PORTBOU

VUELTA A LA PENÍNSULA IBÉRICA: DE HONDARRIBIA A PORTBOU

Yate nº 491

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  Daniel Marín 

1. Introducción2. Más información

cerrarEnviar este artículo a un amigo:

Datos de tu amigo:

Tus datos (para poder indicar quién se lo manda):

No todo navegante se atreve con la vuelta al mundo cuando se habla de una gran travesía. La vuelta a la península puede ser un primer objetivo que llenará de satisfacciones a quien lo realice. Son casi dos mil millas de costa entre Hondarribia y Portbou.

Después de varios años como usuarios de chárter a vela, acumulando millas en travesías a Baleares y navegaciones costeras, decidimos que había llegado el momento de convertirnos en armadores. En nuestra búsqueda de barcos de ocasión, descartamos algunos barcos lejanos a nuestro puerto base para evitar las dificultades del transporte. Pero extrañamente este inconveniente se convirtió en reto cuando el barco en cuestión se encontraba en Hendaya, el primer puerto francés del Atlántico, a mil seiscientas millas de nuestro puerto base. Si llegábamos hasta el primer puerto francés del Mediterráneo completaríamos la vuelta completa a la Península Ibérica, doblando todos los cabos míticos de nuestras costas. La idea ya había tomado forma en nuestras cabezas y se había convertido en sueño, iríamos a ver el barco para evaluarlo y asegurarnos que estaba en condiciones. La decisión ya empezaba a estar tomada y el sueño empezaba a convertirse en realidad, pero: ¿seríamos capaces de hacerlo?

PLANIFICANDO EL VIAJE
Lo primero era ver el barco y verificar que se encontraba en condiciones de afrontar una navegación de esta envergadura. Quedamos satisfechos con lo que vimos. El barco, un Feeling 960 del 89, aparentaba un buen estado de conservación. Motor, jarcia, velas y casco pasaron con nota el examen y la fama de barco marinero de este 32 pies nos daba garantías suficientes para afrontar nuestro pequeño gran reto. Una vez solventado el papeleo, el barco ya era nuestro. Ahora tocaba dejar el velero a son de mar y empezar a navegar. Al final, el mar, sería quien tendría la última palabra para evaluar si el barco y la tripulación estaban realmente preparados. La suerte estaba echada, ya no había marcha atrás, dejaríamos el lastre de dudas en el muelle de Hendaya y estibaríamos un depósito extra de ilusión en su lugar, al fin y al cabo, sin incertidumbre no existe la aventura. La travesía la planificamos en diversas etapas ya que no podíamos disponer de los 30 días de navegación que estimamos que serían necesarios para completar toda la vuelta.
Diseñamos un recorrido en cuatro etapas. La primera etapa de quince días de duración es la que determinaría el éxito o fracaso de la empresa. Nos tenía que llevar hasta Cádiz, cruzando todo el Cantábrico y la costa Atlántica de Galicia, Portugal y Andalucía. Desde Cádiz, en tres etapas cortas de cuatro días, alargando los fines de semana, completaríamos el recorrido hasta Port Vendres y vuelta a nuestro puerto base, Port Torredembarra. Dos mil millas náuticas por nuestra proa y un montón de ilusiones puestas en el proyecto. Había que ir paso a paso. Empezar a probar el barco en el mar y esperar que el material aguantara la paliza a la que íbamos a someterlo. Seria una navegación progresiva, con prudencia y sin forzar el material; con un enfoque conservador hasta que todo estuviese probado. Pero no había tiempo que perder, agosto ya había agotado su primera semana y queríamos aprovechar el buen tiempo reinante y la previsiones de vientos portantes enviados por el anticiclón de las Azores. Teníamos que partir antes que las depresiones empezaran a poner las cosas difíciles.

PRIMERAS SINGLADURAS
Nuestra primera travesía se limitó a una navegación diurna de prueba. Partimos de Hendaya bien entrada la mañana y llegamos a Zumaia con los últimos rayos de sol.Todo parecía estar en orden. Habíamos empezado nuestra pequeña aventura. Al día siguiente partimos con la idea de llegar a Santander, también de día, pero las buenas condiciones reinantes y el buen comportamiento del barco nos llevaron a seguir navegando durante la noche y llegar hasta Gijón la tarde siguiente. La previsión era ideal para nuestra primera noche en el mar: vientos del través de fuerza 3 y un Cantábrico dormido que parecía nuestro Mediterráneo. En Gijón pasamos nuestra segunda noche en puerto. Subimos al monte de Santa Catalina y bajo la escultura del “Elogio del Horizonte” de Chillida, oíamos el rugido del mar y empezamos a tomar conciencia del asunto en que nos habíamos metido.

EMPIEZA EL BAILE
Al otro día, salimos de Gijón rumbo a Ribadeo a primera hora de la mañana, navegando a vela con viento de fuerza 4 por el través. Llegamos a Ribadeo ya de noche. Usando las enfilaciones entramos en la ría. No había nadie en el puerto para atendernos y quedamos abarloados al muelle de espera junto a un precioso queche de madera. Los partes para el día siguiente ya anunciaban fuerza 5 a 6 para zona de Bares y Finisterre y esta parecía la tónica que tendríamos toda la semana. Partimos muy pronto de Ribadeo, ya que nos esperaba una dura ceñida para salir de la ría con viento Norte de fuerza 5. Navegábamos a seis nudos, a un descuartelar con una actitud muy conservadora a la espera de ver como se comportaba el material. Era la prueba ideal antes de pasar Costa da Morte y doblar Finisterre. Pondríamos a prueba el material y siempre podíamos volver a Ribadeo viento en popa si la cosa se ponía fea o rompíamos algo.
Nada de esto sucedió, quedamos maravillados con el comportamiento del barco a medida que las olas iban creciendo. Cuando éstas ya empezaban tener un tamaño considerable, con fuerza 6, pudimos arrumbar al sur y refugiarnos en la ría de Viveiro para pasar la noche. La entrada en la ría con las olas de un par de metros por la popa fue divertida. El barco no dejaba de transmitir buenas sensaciones en todos los rumbos. El material ya estaba probado con éxito, pero el parte de fuerza 6 del norte parecía demasiado apurar para pasar Estaca de Bares por lo que decidimos pasar un día entero en Vivero esperando una leve mejoría. En Vivero embarcamos al tercer tripulante/armador que nos acompañaría hasta Vigo.

LAS COSTAS GALLEGAS
Estábamos entrando de lleno en el ritmo que nos marcaba el mar. Paramos cuando había que parar, pero ahora tocaba apretar los dientes y pasar antes de que empeoraran las condiciones y quedásemos atrapados en el Cantábrico. Así que arrumbamos a Estaca de Bares con fuerza 5 del norte ayudándonos del motor hasta que pudimos tomar un rumbo navegable a vela. Pasamos Estaca con 20 nudos de real prácticamente por la aleta así que la navegación resultaba cómoda y rápida aunque algo movida por las olas del norte. Pasamos Ortegal ya con 25 nudos de real y fuimos a refugiarnos a la ría de Cedeira para descansar y evaluar la situación antes de partir por la noche hacia Rías Baixas. El fondeo estaba absolutamente protegido del mar pero los 25 nudos de viento entraban por el valle y hacían trabajar la cadena del ancla con continuos tirones. El parte anunciaba de 25 a 30 nudos en Vilano y Finisterre pero eran prácticamente de popa y los días siguientes la cosa iba a empeorar. No era la situación ideal para nuestra primera semana de barco pero teníamos buen “Feeling” y decidimos seguir.
Si lográbamos pasar el cabo Finisterre íbamos a quedar protegidos de las olas. Con viento NNE ya todo seria más fácil. La noche estuvo movida pero todo muy manejable, avanzamos sólo con medio génova y rachas de 30 a 35 nudos. A medida que fuimos ganando sur, quedamos resguardados del mar y finalmente pasamos Finisterre a media mañana con 20 nudos por la popa y mar casi llano. Una gozada. Habíamos pasado Costa da Morte con vientos de fuerza 6 y 7 por la popa, “qué pedazo de barco”, era la frase más repetida a bordo. Ya estábamos en el Atlántico. El Cantábrico había quedado por nuestra popa y la estela de nuestro velero cada día se hacia más larga. Recordáis el día en que la estela de vuestro velero dejó de ser solo burbujas del casco al cortar el agua y empezó a llenarse de contenido, de mares recorridos e historias que contar. Yo pude sentirlo aquel día, al arrumbar hacia el sur. Pasado ya Finisterre, pude darme cuenta que Rapsodia y yo empezábamos a tener un pasado común y que la estela sería para siempre el reflejo de esta unión. Seguimos navegando a vela hasta la ría de Vigo, el viento había rolado al norte y era muy fuerte a la altura de las Cíes así que entramos en Cangas para pasar la noche. Al día siguiente exploramos un poco los rincones de esta ría, un auténtico paraíso para la navegación a vela.

1. Introducción2. Más información

Puntúa el artículo
- Puntuación media 3/5 (26 votos)



Para dejar un comentario regístrate o accede si ya eres usuario.

Aviso legal - Acerca de - Contacto - Política de privacidad - Mapa Web - MC Ediciones - Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 - BARCELONA

Publicaciones online de MC Ediciones, S.A.MC Ediciones

© 2008 MC Ediciones, S.A. | Powered by Newcomlab