Volver

Portada » Pruebas » Pruebas » Sun Odyssey 30i: una amplitud imposible

Etiquetas

Barco   Jeanneau   prueba   Sun Odyssey 30i   velero   yate  

Sun Odyssey 30i: una amplitud imposible

Yate nº 507

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  Carlos Serra  Fotos  Carlos Serra 

cerrarEnviar este artículo a un amigo:

Datos de tu amigo:

Tus datos (para poder indicar quién se lo manda):

  1. Velero Sun Odyssey 30i
  2. Interior Sun Odyssey 30i
  3. Ficha técnica Sun Odyssey 30i
  4. Valoración velero

El espacio habitable descubierto en los menos de nueve metros del último Sun Odyssey invita a hablar de milagros, proezas o fantasías. Es sin embargo auténtico, como enseñamos aquí, y lo ha logrado Jeanneau sin comprometer la habilidad del velero.

No está uno muy acostumbrado a gobernar con rueda a bordo de un 30 pies, pero resulta fácil acostumbrarse a ello en el nuevo Sun Odyssey 30i. El lugar disponible es perfecto para empuñar el círculo forrado de cuero, la caseta elevada y voluminosa exige estar de pie si se quiere ver avante al maniobrar en puerto, y los bancos laterales permiten afinar con dos dedos cuando, ya las velas regladas, el dinámico casco firmado por Marc Lombard se abre camino entre las olas. Para no tener que volver sobre ello, aclaremos que la rueda es opcional pero toda la bañera fue diseñada con ella en mente: si se usa caña, que es lo estándar, no hay sitio para mucho, pues en este Sun Odyssey se ha preferido aumentar la caseta y disminuir la bañera. El Sun Odyssey 30i es pues un barco de rueda y no se hable más. Navegábamos tres personas y había todavía lugar para una cuarta. Más, hubiese sido multitud. Si el puesto de timonel era satisfactorio como hemos dicho, más lo era la respuesta que uno recibía al embestir las crestas voluminosas que el viento noroeste había dejado ante el puerto de Ijmeuden. El Sun Odyssey 30i se notaba cómodo con un rizo en la mayor y dos porciones de génova enrollado. Subía y bajaba aquellas olas, escoraba sin derrapar, mantenía velocidad y punteaba bien dando total sensación de seguridad. Nos hubiese gustado verle aguantar más trapo con los 17 nudos reales que soplaban, pero había que reconocerle un mérito: con un tamaño más cercano a los pequeños veleros poco lastrados, nos ofrecía velocidad y aplomo de barco grande. Cuando por fin decidimos quitar un rizo a la mayor le vimos sobrepasado por su trapo, pero siempre pudimos mantener el control al timón. La forma de controlarlo era, evidentemente, abrir escotas. Lo hicimos y la panza potente del diseño de Lombard se animó a galopar como si de un velero de competición se tratase. Era divertido guiar, con la sensible rueda, el apoyo del casco a través de las olas que empujaban. Lo disfrutamos y, repetimos, nunca tuvimos la sensación de estar en un barco extremo o indomable, sino todo lo contrario. Anotemos que en la prueba de Ijmeuden tuvimos en nuestras manos la primera unidad de la serie, construida como es habitual en Jeanneau con mucha previsión y trabajo de diseño anticipado, y todo funcionaba a la perfección: desde el motor, que sin ser un prodigio de silencio cumplía en lo exigible para el tamaño en que estábamos, hasta la rigidez del casco hecho en laminado tradicional, el funcionamiento del timón y el ajuste de mástil y jarcia.

Maniobra fácil


Uno podría haber navegado solo sin dificultad, pues los winches de génova se hallan justo al nivel de la bitácora y permiten regular las escotas sin moverse. Menos cómoda es la escota de mayor, anclada en un cáncamo del centro de la bañera, y donde se podría pensar en añadir un estrobo de cable para alzar la mordaza. La maniobra de drizas y rizos iba reenviada a una batería de mordazas y un winche situados a babor del tambucho, donde el apoyo también era suficiente para trabajar sin perder de vista la rueda. La gente de Jeanneau prometió incluir en las unidades de serie algunas cuñas de suelo para la bañera, un espacio insólitamente ancho vista su corta longitud, pensado para aprovechar al máximo el espacio disponible. Con dichas cuñas y el apoyo que da la bitácora, destinada a soportar una mesa, incluso los menos dotados de pie marino se sentirán cómodos en ese espacio, donde el tambucho y su mínimo entrepuente también aportan puntos de apoyo.

Toda la estiba se concentra en un cofre habilitado en la banda de babor y cuya capacidad es más que generosa. La popa acoge una balsa salvavidas combinada con el banco travesaño, escamoteable, y da paso a una plataforma de baño más que correcta. La caseta muy elevada, necesaria para dar el volumen interior del que disfruta el modelo y que describiremos, tiene sus ventajas: protege la bañera de los rociones que puedan venir, y alza el pasamanos al que uno se agarra al salir al corredor. De hecho, llega casi a la misma altura que los propios candeleros, lo que ayuda a moverse en esos pasillos forzosamente estrechos pero muy bien pensados en inclinación, limpieza y ergonomía. Sólo el paso por los obenques, donde el diagonal cruza hacia su anclaje en el mástil, presenta engorro. A proa del mástil ya no hay pasamanos pero tampoco son necesarios. La regala es de madera. La escotilla que da al camarote de proa podría ganar tamaño para convertirse en un auténtico paso de hombre. Los candeleros y balcones, al igual que las bitas, son correctos. El pozo de fondeo es muy práctico como explicamos en la sección fotográfica.

Puntúa el artículo
- Puntuación media 3/5 (232 votos)




Para identificar tus comentarios regístrate o accede si ya eres usuario.

Aviso legal - Acerca de - Contacto - Política de privacidad - Mapa Web - MC Ediciones - Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 - BARCELONA