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¡PIRATAS!

Yate nº 502

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1. Cabos sueltos

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La piratería vuelve a estar de actualidad. No nos referimos a los precios que cobran algunos por sus servicios o productos, ni a los vendedores del top-manta sino directamente a la piratería de toda la vida, la que practican los piratas en el mar, para apoderarse de embarcaciones, mercancías o personas. Quien crea que esta es una actividad totalmente erradicada se equivoca. La piratería ha estado siempre presente en algún lugar del mundo. Robar embarcaciones para dedicarlas al contrabando y después hundirlas o abandonarlas es una de las facetas de esta actividad; la muerte de Sir Peter Blake en Brasil, el 6 de diciembre de 2001, llevó de nuevo este problema a los medios de comunicación internacionales, sobre todo los náuticos, pero en estos últimos meses ha sido la piratería en las costas de Somalia la que ha causado la atención internacional.

Al parecer esta actividad es frecuente en aquella zona y se repite semana si, semana también, desde hace años, pero había pasado desapercibida para el gran público, tal vez para no causar alarma en la opinión pública internacional. La primera noticia relativamente importante en este asunto se produjo a primeros de abril. Fue la aprehensión del yate francés Le Ponant, un motovelero dedicado al chárter de lujo que mide 88 metros de eslora y desplaza 850 toneladas. El yate puede albergar a 64 invitados atendidos por 30 tripulantes, pero cuando se produjo el abordaje por parte de piratas somalíes solo se encontraba a bordo la tripulación, pues el yate regresaba al Mediterráneo desde el Índico, pretendiendo utilizar el canal de Suez. Tras pagar, supuestamente, un rescate, fuerzas especiales francesas capturaron a los piratas y les explicaron cortésmente, esto también es una suposición, que estas cosas no se hacen. El colectivo no debió quedar suficientemente escarmentado pues a mediados del mismo mes de abril intentaron abordar, sin éxito, el petrolero japonés Takayama, de 150.000 toneladas. En cambio, consiguieron hacerse con el atunero español Playa de Bakio a unas 250 millas de la costa de Somalia. Esta acción fue puntualmente seguida por noticiarios y periódicos, poniendo al descubierto la irregular situación en la que se encuentran los mares en esas latitudes. Es interesante señalar que el delito se produjo fuera de las aguas jurisdiccionales somalíes, pues algunos comentaristas se han pronunciado en el sentido que las aguas somalíes son una especie de tierra de nadie -agua de nadie, en este caso- a las que todo el mundo mete mano pues el gobierno de aquel país africano no cuentan con medios para emitir permisos de pesca o cobrar cánones. Es decir, se pretende dar a entender que el personal armado y embarcado actúa como justiciero ante el expolio de sus aguas. A más de 200 millas el criterio no vale. Vale tan poco que las Naciones Unidas han acordado permitir a los buques de guerra de las potencias civilizadas actuar cual policía y disparar sobre las embarcaciones armadas y no identificadas que recorren esas aguas, dentro y fuera de las 200 millas. No es que el gobierno español pueda hacer mucho para corregir esta situación, ni se pretende indicarlo así en estas páginas, pero sí que queremos llamar la atención sobre la incidencia que este tipo de cosas tienen en la náutica de recreo y, muy especialmente, en la náutica de recreo de carácter profesional, es decir, el chárter. Como consecuencia de la situación que se vive en horizontes lejanos la actividad de chárter de lujo se desplaza automáticamente hacia aguas seguras, tales como las del Mediterráneo. Pero, mira por donde, aquí, es decir, en España, está pendiente de resolver el tema del turismo náutico de calidad. En primer lugar falta resolver el tema de las titulaciones profesionales para el gobierno de embarcaciones deportivas, un compromiso que adquirió la administración del Estado al publicar el pasado 3 de noviembre la Orden Ministerial 3200/2007 que regula las titulaciones náuticas, en cuyo preámbulo se anunciaba la regulación en breve de este asunto. Siete meses más tarde la cosa está igual. En cambio, se han publicado disposiciones que no hacían ninguna falta, como el Real Decreto 62/2008, de 25 de enero (BOE de 7 de febrero), por el que se aprueba el reglamento de las condiciones de seguridad marítima, de la navegación y de la vida humana en la mar aplicables a las concentraciones náuticas de carácter conmemorativo y pruebas náutico-deportivas. Vaya, que nuestra administración ha preferido regular primero las regatas y las procesiones del día de la Virgen del Carmen. ¿Acaso se ha caído al agua algún monaguillo?

Pero la parte del león que impide la presencia de los grandes yates de chárter en España es de carácter fiscal. Por encima de los 15 metros de eslora incluso los yates de Lista 6ª vienen obligados al pago del impuesto de matriculación y, en consecuencia, si los grandes yates de chárter embarcan pasajeros -clientes- en España la administración entiende que están obligados al pago del impuesto de matriculación en su totalidad, pues están realizando una actividad económica en España. Si tenemos en cuenta que estos yates valen decenas de millones de euros no es extraño que ni se les ocurra desarrollar su actividad aquí, pues la broma de embarcar clientes resulta muy cara. La opción es recibir a los clientes en el extranjero y luego navegar por nuestras aguas, por lo que se pierden unos ingresos que serían bien interesantes. Basta consultar las páginas web de algunas de las compañías especializadas para darse cuenta que, a razón de entre 100.000 a 400.000 dólares a la semana de alquiler, los gastos colaterales pueden ser muy interesantes. Es necesario arbitrar alguna medida para que una parte de estos dineros se queden en nuestras costas, también en las arcas del Estado, pues nuestras aguas y nuestros paisajes náuticos bien lo merecen y constan como destino predilecto para muchos yates que vienen desde el extranjero. Si no hay un poco de cintura con el turismo náutico de calidad, sin regalar nada pero atendiendo sus genuinas características, nos vamos a quedar con el turismo de chancleta y botellón. No nos parece que sea un objetivo muy deseable...

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