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NEUMÁTICAS Y SEMIRRÍGIDAS: LO QUE HAY QUE SABER

NEUMÁTICAS Y SEMIRRÍGIDAS: LO QUE HAY QUE SABER

Yate nº 488

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Las lanchas neumáticas y semirrígidas son elegidas con frecuencia para la iniciación a la náutica o como auxiliares de yates mayores, aunque también existe un creciente número de aficionados que son fieles usuarios de este tipo de embarcaciones. Esto genera una oferta de modelos grandes y hasta cierto punto elitista. Para elegir el más adecuado a nuestro programa debemos conocer algunos conceptos básicos.

Las ventajas que ofrecen las neumáticas con respecto a otro tipo de embarcaciones son su polivalencia de uso y la gran reserva de flotabilidad que poseen debida a los distintos compartimentos hinchables de que disponen. Su menor peso hace que baste un motor de potencia relativamente baja para obtener excelentes prestaciones gracias a la favorable relación entre peso y potencia instalada. Las posibilidades tecnológicas que ofrecen los materiales y los actuales procesos constructivos han propiciado la existencia de una oferta cada vez mayor en cuanto a tamaño, diseño y equipamiento, lo cual ha encontrado una buena respuesta en el mercado, con un número de aficionados a este tipo de embarcaciones cada vez mayor. A todo esto hay que sumar las posibilidades de uso de este tipo de embarcaciones en las actividades profesionales, escuelas de vela, centros de buceo o clubes náuticos, así como su utilidad como embarcación auxiliar en un yate mayor. A continuación repasaremos los conceptos básicos que conviene conocer para poder efectuar una elección adecuada.

NEUMÁTICA O SEMIRRÍGIDA
Éste suele ser el primer dilema que se le plantea al aficionado. Sin embargo, ya de entrada dos consideraciones previas son eliminatorias: el espacio disponible y la posibilidad de transporte. La neumática genuina es la plegable que, deshinchada y desmontada, cabe en un saco de lona, se puede guardar en la sentina de un yate o en el garaje de casa y se puede transportar en el maletero del automóvil. Por el contrario, la semirrígida sólo permite que sus flotadores perimetrales sean deshinchados, o incluso desmontados, pero no hay modo de reducir la parte rígida, de manera que ocupará más espacio en el garaje, o en una marina seca o deberá dejarse todo el año a flote en el amarre. Además, salvo que sea muy pequeña, una semirrígida precisará ser transportada en un remolque; claro está que éste es un problema que también afecta a las neumáticas más grandes, pues es frecuente dejarlas hinchadas toda la temporada para no perder tiempo en su montaje y desmontaje. Que la neumática sea desmontable no implica que su piso deje de ofrecer consistencia. Se pueden encontrar neumáticas con el fondo plano, con forma de V e incluso en forma de catamarán, con piezas hinchables o rígidas desmontables, que pueden ofrecer unas prestaciones muy considerables. Sin embargo, existe una limitación en cuanto al tamaño: por lo general no superan los cinco metros. Si hay que guardarla en el propio yate y éste tiene una eslora media, pongamos en torno a los 12 metros, lo más habitual es optar por la neumática plegable, pero si el yate tiene más eslora entonces la oferta de semirrígidas merece ser estudiada con atención. Las semirrígidas poseen indudables ventajas. Para empezar, el casco rígido les proporciona una navegación más consistente, semejante a la de una embarcación de planeo convencional, con la posibilidad de desarrollar más velocidad que una neumática plegable, pero siguen manteniendo una gran reserva de flotabilidad en los flotadores, lo que las hace muy seguras. Las semirrígidas conservan altas dosis de polivalencia, pues permiten abarloarse a otras embarcaciones o muelles sin necesidad de poner defensas, debido a que todo el flotador perimetral es una gran defensa. No obstante, no está de más tener defensas a bordo para poder colocar en caso de necesidad, en función de las características del muelle o de los yates vecinos. Es mejor rozar una defensa que estropear el flotador, aún que sólo sea por estética.

Otra ventaja de las semirrígidas, es su mayor oferta en cuanto a eslora, hasta muy por encima de los diez metros, lo cual ofrece la posibilidad de instalar muchos más accesorios, aprovechando la estructura que forma la parte rígida, como pueden ser pañoles de estiba, consolas de gobierno, mesas, asientos, arquilladas u otros. Y, si la eslora es realmente considerable, no hay ningún problema para contar con cabinas en toda regla, incorporando incluso cocina o cuarto de aseo. Por este motivo las embarcaciones semirrígidas son utilizadas con frecuencia en actividades profesionales como servicios de seguridad o salvamento, transporte de pasajeros, etcétera.

PROPULSIÓN
En este segmento de la náutica existen tres tipos fundamentales de propulsión. En los modelos más pequeños pueden utilizarse los remos. En las grandes semirrígidas se instalan grandes motores interiores, dentrofueraborda o por hidrojet, a gasolina e incluso diesel, pero la mayor oferta está en las embarcaciones propulsadas con motores fueraborda. Sin embargo, no hay que despreciar las otras propulsiones, sobre todo en el ámbito de los botes auxiliares.
En este caso tiene una especial incidencia la propulsión por jet, pues la altura total resultante es menor del que tiene una lancha con el fueraborda montado, incluso después de haberlo inclinado a su posición de reposo. La transmisión por jet facilita su izado y estiba a bordo, sobre la plataforma de baño, sobre la toldilla o en el garaje. Si el bote se propulsa con un fueraborda es muy probable que éste tenga que ser desmontado y, si no es así, habrá que contar con una cuna especial para que el pie del motor o la hélice no deterioren la superficie donde se apoya en cada yate. Además, en las grandes embarcaciones el motor fueraborda ocupa espacio a la vista en popa, mientras que la transmisión dentrofueraborda no, de modo que se puede contar con una plataforma y una escalera de baño como sucedería en una lancha normal. Por otra parte, la transmisión por jet elimina la presencia de hélices a la vista y, en consecuencia la posibilidad de producir daños a los bañistas.

MANDOS
Cuando el motor fueraborda elegido es de poca potencia, la posibilidad de contar con dirección por volante es escasa, pues requiere de un montaje especial. Por el contrario, a medida que se elige un fueraborda de más potencia, la posibilidad de disponer de mando popero disminuye. Es más, por encima de los 20 kW (27 CV) es obligatorio en España gobernar las embarcaciones neumáticas con volante. Así lo dispone la circular 7/95 de la Dirección General de la Marina Mercante.
En realidad, la dirección por volante y el arranque eléctrico se dan casi la mano, pues arrancar y gobernar un motor a mano es incómodo a partir de 40 Hp, razón por la cual ésta es la potencia máxima, para uso recreativo, en la que es posible encontrar motores fueraborda con arranque manual. Lo normal por encima de 25 Hp sería utilizar volante, tanto si la embarcación es neumática como convencional. Sin embargo, algunas marcas de fuerabordas ofrecen el arranque eléctrico a partir de los 8 Hp, pues basta girar una llave o pulsar un botón para poner el motor en marcha sin ningún esfuerzo a condición, eso sí, de que la batería esté en buen estado. Y aquí introducimos un nuevo parámetro: la batería. Si el motor es de arranque eléctrico, precisará una batería que, a su vez, requiere un mantenimiento; si el motor es de arranque manual, sólo precisa fuerza en los brazos. Con el gobierno mediante mando popero toda la embarcación queda libre para cargar bártulos como flotadores arrastrables, esquís, etc...Por el contrario, si se opta por la dirección por volante, bien sea mediante una consola o mediante una barra que cruza la cubierta apoyada sobre los flotadores, la embarcación quedará, en cierto modo, dividida. Sin embargo, existen diseños que han solucionado este problema, con consolas que apenas ocupan espacio. En las embarcaciones grandes, lejos de suponer un problema, la consola implica un ejercicio de diseño y permite generar espacios de estiba y dar personalidad a la embarcación.

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