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Les Voiles de Saint Tropez: Décimo aniversario de lujo

Yate nº 507

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Más de 300 veleros, entre los mejores clásicos y los modernos más rabiosos, y el gentío que eso conlleva, convirtieron a Saint Tropez en la capital mundial de la vela.

Confieso que no intenté siquiera resistir la tentación de asistir al décimo aniversario de Les Voiles de Saint Tropez. Un evento insuperable, como saben muchos lectores, tanto en el campo de la regata de clásicos como en la competición más moderna y, sobre todo, en el aspecto social. Si Saint Tropez es siempre una fiesta, un lugar donde ver y ser visto, una exhibición de todo lo que nos gusta a los aficionados a los yates, se debe al encanto de la población y también a las excelentes condiciones de su campo de regata. Les Voiles de Saint Tropez
Este año, diez años después de la resurección de la Nioulargue como Les Voiles de Saint Tropez debía serlo más. No falló, se lo aseguro. Mis recuerdos de los tres días que pasé allí, y especialmente del miércoles en que pude seguir una buena parte de la competición a bordo de una motora, están aquí para mostrárselo.

Del 3DL de Wally al cosido a mano de los clásicos


Llegué ese día al muelle a las nueve de la mañana, cuando ya las tripulaciones preparaban velas y limpiaban restos de las fiestas de la noche anterior. Tras admirar las popas de los nueve Wallys y los treinta clásicos de más de treinta metros –noten la cosa- me embarqué en el Wallynano invitado por Monica Paolazzi y de la mano de Paulo Mazzarino, hombre fuerte del equipo Luna Rossa. Dimos unos bordos fantásticos por la bahía con ese nuevo juguete inventado por Luca Bassani, incluida una planeada con espi que nos llevó en diez minutos desde Grimaud a Saint Tropez, y a las doce salté a la barca que me tenía que llevar a ver la regata. Entre los que habíamos sido invitados convencimos al patrón para que siguiese el recorrido de clásicos y antiguos. Había entre sus tripulaciones más amigos que en los otros campos de regatas. Así pude ver cómo Galvana, con Borja Pella al mando, viraba en primer lugar la boya de barlovento situada cerca de Saint Maxime, tras una ceñida espectacular en que superó a Agneta, el gran queche que había pertenecido a la familia Agnelli. Más atrás venían los yates de vela cangreja y me alegró ver que Stephane Benfield, otro amigo al mando de Altair, había conseguido sacar metros a los grandes sloops como Mariquita, timoneado por Jim Thom, o el enorme Lulworth, de Giuseppe Longo, mientras Markus Schweiger conseguía colar por en medio a su queche Thendara, cual cisne majestuoso. ¡Qué espectáculo, el de las botavaras de esos colosos rozando el agua cuando sus tripulantes de mayor soltaban la escota para ayudar al timonel a caer y no empotrarse con las motoras de curiosos...! ¡Qué trepidación cuando treinta metros de goleta amurada a babor se cruzaban con cuarenta y ocho de sloop con mayor, foque y petifoque, amurados a babor y dotados de un bauprés que el timonel ni siquiera veía el cruce en manos de los proeles que voceaban si se pasaba o no en el fragor del mistral! No les contaré que Galvana tardó casi cinco minutos en izar su espi, por culpa de una polea de driza atascada, pero sí que aquel starcut de 1977 era la vela ideal para los largos ventosos que la costa de la bahía producía, ahora más cerrados, ahora más abiertos. Galvana consiguió aquel día una victoria sonora, con más de 20 minutos en compensado sobre su adversario Fantasque, diseñado por André Cornu, y cuarenta o más sobre Outlaw, el engendro de Illingwroth Primrose que pasea por todas las regatas Mike Horsley. También se llevó el triunfo total en su clase. Les añadiré que en aquella misma flota, pero marcando el ritmo en los época Marconi, estaba el Mercury, del mallorquín Jordi Cabau, que se llevó por supuesto el triunfo en la categoría Tradition Marconi C además de ponerle los dientes así de envidia a David Dumoulin, armador y patrón de un precioso Alden llamado Ándale.

Más de la mitad de españoles, en el podio


Venía haciendo slalom desde atrás el Rowdy, de Graham Walker, quien pese a sus achaques insiste en vigilar a la tripulación desde la popa en todas las regatas. Vislumbré también a toda la familia Sandyford apretujada en la cubierta barnizada de Solway Maid, el Fife que tantos años hemos visto en Mallorca, y saludé a Philippe Beteille, que había traído para su también Fife Irina una tripulación más experta de la elegida para las regatas de Mahón. Había en aquella flota tantos amigos y conocidos de las regatas de clásicos, que habrían ellos solos montado una fiesta. La fiesta que buscaba. Pero no vale sólo lo de los clásicos y de madera en Saint Tropez, que también están los maxis, los Swan, los grandotes IRC, y los más modestos que corren en X-35, Archambault y Grand Soleil. Me llevé un buen alegrón cuando vi en la clasificación que la familia Marcó, de Palafrugell, iba delante en la clasificación IRC D con su Archambault 35 Rebuff. Esos catalanes les pasaron la mano por la cara a franceses y daneses, esos en sus X-35 de gran peligro, y aumentaron la proporción de victorias españolas en la edición de este año. Con la victoria de Galvana en su grupo, más la de Mercury en el suyo de época Marconi C, eran tres los veleros españoles que se iban a alzar en lo alto de sus respectivas clasficaciones. Si añaden el segundo puesto del LAK, del casi barcelonés Guy Laforest, y el tercero en Áuricos B del Pesa, más de la mitad de los españoles presentes alcanzaron el podio. Ningún país puede alardear de tanto, y habrá que esperar que el amigo Toni Tió, a bordo del Frers 100 Alarife, aumente las prestaciones de este último para que también el año que viene en los maxis modernos haya vencedor de nuestros colores.

Maxis y mini-maxis


Hablo del 30 metros español de pasada, porque ya he dicho que la fiesta se extendía en el mar con la flota IRC y Wally, situada fuera de la bahía y que aquel día no pude ver. Fue lástima por eso que el viernes el fuerte mistral obligase a suspender la regata, y que el sábado, cuando todas las flotas disfrutaron de las mejores condiciones, yo ya estuviese conduciendo de vuelta a Barcelona. Todo lo que sé de esos barcos lo aprendí hablando con gente en los muelles, y luego viendo noticias en internet. Lo que me perdí. Me habría entusiasmado asistir a la batalla entre los dos 90 pies reciclados, Rambler y French Spirit One, que han puesto a punto los “tapados” de los equipos de America's Cup Peter Isler y Marc Pajot para adivinar lo qué ocurrirá con los nuevos barcos de aquella competición si algún día llegan a construirse. Rambler, recordemos, es el primer Alfa Romeo de Neville Crichton, un diseño de Reichel-Pugh que sigue siendo de lo más rápido; su longitud y su plano vélico se parecen de forma espectacular a las mencionadas monturas que el equipo Alinghi propuso para las siguientes regatas de America’s Cup. Su armador americano David Georges había invitado a varios de la retaguardia del equipo Oracle BMW para que lo catasen en competición. La máquina de French Spirit Team, también de casi 90 pies, es el antiguo Bols diseñado por Hugh Welbourn y construido en carbono por el astillero BoatSpeed, hace cuatro años. Lo manejaban Bertrand Pacé, Philippe Priesti y Mathieu Richard, los tres patrones más destacados del mundo match race francés, y también se dedicaba a mover pieza en el ambiente pensando en las regatas del futuro. Pero no se acababa allí el mundo America's Cup. En la misma clase, IRC A, competía el mini-maxi de Dan Meyers Numbers, una confabulación completa del patrón de Alinghi, Ernesto Bertarelli que es amigo íntimo del millonario norteamericano. Diseño de Rolf Vrölijk; James Spithill y Brad Butterworth entre los tripulantes, y el propio Bertarelli a bordo que aprovechó para hacer relaciones públicas entre los armadores y marinos, por supuesto a favor de su visión de la America's Cup. Pocos días después aparecían en Internet unas declaraciones suyas al periódico francés Le Figaro, y es que Saint Tropez es además de lo dicho hasta ahora una tribuna excelente para dirigirse al mundo. Estaban también Paul Cayard a bordo del TP 65 MonyPenny, Karol Jablonski, Dean Read... todos los que no se encontraban en Alicante por lo de la Volvo yo diría que “se habían dejado caer” en el escenario irrepetible y el nido de intrigas que es Saint Tropez en octubre.

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1 comentarios a "Les Voiles de Saint Tropez: Décimo aniversario de lujo":

  • Brutx (Anónimo)  dice (05 / 10 / 2009):

    Hola, muy buen articulo, si bien poco realista en cuanto a la participacion española.
    4 barcos españoles en total. Gran actuacion del Mercury (3 primeros y un segundo) y muy buena de los Pella, terceros de su clase (1º, 2º y 5º descartando un DNS) y mas discreta de Eva 6º (un segundo parcial) y Guia 7º en la misma clase que Galvana.
    Avel y Thendara, entre los españolizados tuvieron buenos resultados. De los demas de este grupo el Pesa con un 5º (un tercero parcial en la ultima manga) y Lak 10º (con un segundo) fueron los mas destacados.
    En mi opinion 2 podios de 24 posibles en 8 clases distintas es mas bien poco para considerar la actuacion española como destacable. La participacion española una vez mas ha sido pobre en cantidad, con solo 4 barcos. En modernos peor aun con la ausencia de Calima o Kiboko.
    Un saludo

    O Bruxo

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